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domingo, 5 de junio de 2011

Sobre la monogamia

Enlazando con el artículo anterior sobre la sociobiología y la evolución de Darwin me gustaría plantear algunos aspectos interesantes acerca de la monogamia. Según recientes investigaciones realizadas desde las neurociencias la monogamia no es natural, es decir, que si decidimos aceptar la norma social imperante, hemos de reprimir nuestros instintos más primarios, aunque a mí me gusta más decir más naturales.
He leído en un interesantísimo libro titulado "Anatomía del Amor: Historia natural de la monogamia, el adulterio y el divorcio" de Hellen Fisher - que hace una extraordinaria recopilación de investigaciones realizadas desde la etología y la antropología- que nuestros ancestros comenzaron a ser monógamos a partir del Homo Sapiens, por dos razones: la primera fue que al desarrollarse el cerebro hacia una mayor complejidad fue necesario aumentar el tiempo que se dedicaba a la crianza de los hijos pues eran mucho más vulnerables dado que se atrasó el momento en que se hacían autónomos y la segunda razón fue la postura erecta, que al tener que utilizar los brazos para sujetar a la cría, necesitaba del macho para la búsqueda de alimentos y la necesidad de protección.
De esta forma la pareja mantenía una relación monógama durante la época de crianza de sus hijos, aproximadamente cuatro años. Si tenían más se multiplica por esta cifra, aunque lo más probable es que tuvieran el segundo hijo con otra pareja; entre otras razonas para aumentar la variabilidad de la especie. Si se analiza este dato con los divorcios de las parejas en nuestra sociedad sale la cifra de que la mayoría de éstas se separan hacialos siete años, ¿coincidencias?
A continuación os dejo una parte del programa Redes donde se habla de este tema:

Redes - La monogamia no es natural - parte 1



Redes - La monogamia no es natural - parte 2


Redes - La monogamia no es natural - parte 3

Reflexiones sobre las relaciones de pareja

A menudo me paro a pensar lo que condicionan las palabras y  el significado implícito que llevan consigo, sobre todo en lo que concierne a temas tan difíciles como es el tema de la fidelidad. Podemos ser fieles, por ejemplo a nuestro peluquero, y si descubrimos que éste nos está engañando -utiliza un tinte caducado o nos cobra demasiado- no tenemos reparos en dejarlo y buscar a otro que nos dé más confianza. Hay actrices que cuando les preguntan por el perfume que utiliza, suelen decir soy siempre fiel a tal  o cual aroma o justamente lo contrario, utilizo un perfume u otro, según el momento o mi estado de ánimo, en esta ocasión podríamos utilizar el concepto de infidelidad?, mi opinión es que no pues no hay uno que utilicemos por encima del otro.
Cuando escucho a los demás y sale el tema se utilizan frases como "fulanito le ha puesto los cuernos a menganita" y sinceramente siento horror. Puestos a pensar que el que alguien quiera estar libremente con otra persona implica hacerle daño a alguien y que encima ello se explique con la expresión de "ponerle los cuernos"  implica una actitud peyorativa hacia la persona supuestamente dañada que encima es objeto de burla social. ¿No os parece de locos?
Compartir la vida o parte de la vida con alguien es un ejercicio de absoluta libertad y mientras amamos a esa persona, la aceptamos como es, con sus miserias y sus alegrías, sin pretender controlarla, invadirla o cambiarla. ¿Quiénes somos nosotros para saber lo que es mejor para los demás?. Desde esta premisa pienso que si la persona que está a mi lado decide seguir otra etapa con otra persona será poque como adulto ha decidido que es lo mejor para su desarrollo y crecimiento personal, y ha de ser motivo de alegría para los dos. Entonces, por qué a menudo respondemos !no me puedes dejar tirado! !no me puedes hacer esto!. ¿Cuántas personas siguen compartiendo sus vidas por miedo a dejar al otro, porque piensa que les van a hacer daño?. ¿Acaso es esto más honesto para nosotros y para la persona que está a mi lado?. Este tipo de relaciones desembocan en vidas no vividas, en vidas rutinarias, en la incomunicación más absoluta, pues lo que nos une no es el amor sino la evitación de conflictos que no queremos o no podemos afrontar.